¿Grúa bipedestadora o pasiva? ¿Qué opción es la adecuada para cada paciente?
La movilización de personas con dependencia es uno de los grandes retos diarios en residencias, hospitales y también en el hogar. Los cuidadores saben bien que levantar o transferir manualmente a un paciente no sólo resulta incómodo, sino que puede provocar dolor, caídas y lesiones tanto en la persona movilizada como en el propio cuidador. Es una evidencia científica que el uso de ayudas técnicas, como las grúas de traslado, reduce de manera significativa el riesgo de lesiones musculoesqueléticas de los cuidadores y personal auxiliar relacionadas con la movilización manual de pacientes.(1)
En el rango de las grúas eléctricas de movilización encontramos principalmente dos tipos: las bipedestadoras o activas, y las pasivas o de traslado completo. Ambas cumplen la misma misión de garantizar una movilización segura, pero cada una está indicada para un perfil de paciente diferente.
Las grúas bipedestadoras, también conocidas como activas, se recomiendan para usuarios que, a pesar de tener una dependencia parcial, conservan la capacidad de colaborar en la movilización. Este tipo de grúa requiere que el paciente pueda mantenerse sentado, posea control de tronco y algo de fuerza en las piernas para soportar parte de su propio peso. Por ello son idóneas en fases de rehabilitación o en personas mayores que, aunque necesitan ayuda, todavía participan en sus actividades cotidianas. Su gran ventaja es que no solo trasladan, sino que también fomentan la movilidad activa, previniendo la pérdida de masa muscular y ayudando a mantener la autonomía. Estudios recientes señalan que los cuidadores perciben este tipo de dispositivos como fáciles de usar, seguros y beneficiosos para su propia salud, al reducir la fatiga y las posturas forzadas.(2) Ejemplos como las grúas de la familia Molift Quick Raiser proporcionan además beneficios ergonómicos importantes, al adaptar su diseño y ergonomía al movimiento natural de levantarse, proporcionando una experiencia más cómoda y beneficiosa tanto para el usuario como para el profesional.
En la práctica clínica, un paciente con hipotonía muscular leve tras varios días encamado puede beneficiarse enormemente de una grúa bipedestadora, ya que la asistencia parcial le permite volver a realizar el esfuerzo de ponerse en pie y estimular la musculatura. También es muy útil en un paciente postoperatorio de prótesis de cadera, que conserva el control de tronco y la capacidad de colaborar, y que con apoyo temporal puede mejorar progresivamente su autonomía en las transferencias. Estos casos demuestran que la bipedestación asistida no solo traslada, sino que además contribuye al proceso de recuperación y a la prevención de nuevas complicaciones.
Las grúas pasivas, en cambio, están indicadas en pacientes con gran dependencia, que no tienen control de tronco ni capacidad para colaborar en la bipedestación. Son esenciales en personas encamadas, con patologías que impiden la verticalización, tras cirugías complejas, o en fases avanzadas de enfermedades neurodegenerativas. En estos casos, el objetivo no es activar la musculatura, sino garantizar un traslado seguro y confortable. Un ejemplo claro sería el de un paciente de edad avanzada con hipotonía severa, que no logra mantener la postura sentado sin ayuda; o el de una persona con demencia severa, incapaz de colaborar conscientemente en la movilización. También encontramos el caso de usuarios con paraplejia, en los que la ausencia de control voluntario en las extremidades inferiores hace inviable la bipedestación asistida. Para todos ellos, las grúas pasivas ofrecen una solución segura y estable, que además protege al cuidador. A modo de ejemplo, la gama Molift Mover responde a estas necesidades con modelos que abarcan desde 180 hasta 300 kg de capacidad, asegurando que siempre haya una opción adecuada para cada perfil de usuario.
La diferencia esencial entre ambas radica en el grado de colaboración, el control de tronco y la movilidad conservada por el paciente. Si la persona puede participar mínimamente, mantenerse erguida y colaborar en la postura, la bipedestadora es la elección adecuada porque combina seguridad con activación funcional. Si no existe esa capacidad de colaboración ni control postural, la pasiva se convierte en la opción imprescindible para evitar riesgos y proporcionar confort. Esta elección influye directamente en la calidad de vida del usuario y también en la del cuidador, ya que la movilización resulta más rápida, segura y menos exigente físicamente.
Existen otros factores a tener en cuenta, como el peso del paciente, el espacio disponible en el entorno o la frecuencia de uso. En domicilios pequeños, por ejemplo, las dimensiones de la grúa son determinantes para garantizar la maniobrabilidad. También es fundamental (y aquí estamos eligiendo a conciencia el adjetivo) seleccionar correctamente el arnés, ya que de ello depende en gran parte la seguridad y la comodidad durante la transferencia. (1)
En definitiva, no se trata de qué grúa es “mejor”, sino de cuál es la más adecuada según las necesidades de cada paciente. Las bipedestadoras se convierten en un aliado clave en la rehabilitación y en el mantenimiento de la autonomía, mientras que las pasivas aportan seguridad y versatilidad en los casos de dependencia severa. Ambas, cuando se emplean de forma correcta, contribuyen a reducir la carga física y emocional de los cuidadores y a mejorar el bienestar general en el entorno asistencial. (2)
Marc Rovira
Fisioterapeuta col. nº 16289
Especialista en ayudas técnicas y movilización
marc.rovira@karinter.com
Bibliografia:
(1) Finucane, C. (2006). Moving and handling patients safely: A product guide. International Journal of Therapy and Rehabilitation, 13(4), 182–186. https://doi.org/10.12968/ijtr.2006.13.4.21373
(2) Golightly, D., Balfe, N., & Charles, R. (Eds.). (2024). Contemporary Ergonomics and Human Factors 2024. En Contemporary Ergonomics and Human Factors.
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