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Prevención de úlceras por presión: soluciones técnicas al alcance de todos

Prevención de úlceras por presión: soluciones técnicas al alcance de todos

En el ámbito sociosanitario, la prevención de las úlceras por presión continúa siendo uno de los mayores retos clínicos y asistenciales. Estas lesiones, que afectan a personas con movilidad reducida o encamadas, no solo comprometen la integridad de la piel, sino que también impactan en la calidad de vida del paciente, en la carga física del cuidador y en los costes del sistema. La buena noticia es que la mayoría pueden evitarse mediante una actuación preventiva adecuada, basada en la combinación de valoración clínica, educación y el uso correcto de ayudas técnicas.

Las úlceras por presión se originan como consecuencia de una presión mantenida sobre una prominencia ósea, que interrumpe la circulación capilar y priva de oxígeno al tejido. Cuando la presión supera los 17 mmHg durante más de dos horas, aumenta el riesgo de isquemia y necrosis. Sin embargo, la presión no es el único factor: la cizalla, la fricción, la humedad, la malnutrición o determinadas enfermedades neurológicas también pueden acelerar el daño tisular.

Los pacientes más vulnerables son aquellos con movilidad reducida, alteraciones de la sensibilidad, incontinencia o mal estado nutricional. Por ello, la prevención debe comenzar incluso antes de que aparezcan signos visibles. Identificar el riesgo de forma precoz y aplicar medidas preventivas adaptadas al perfil de cada usuario es esencial para evitar complicaciones y lesiones avanzadas.

En este contexto, las ayudas técnicas son una herramienta clave. Su función es redistribuir la presión, reducir la fricción y facilitar los cambios posturales, al mismo tiempo que permiten al cuidador trabajar de forma más segura y ergonómica. No se trata de incorporar productos de forma indiscriminada, sino de seleccionar el sistema adecuado según el nivel de riesgo, la autonomía del paciente y las condiciones del entorno.

Durante las situaciones de sedestación prolongada, la presión se concentra especialmente en la región sacra, los isquiones y los muslos. En estos casos, los cojines viscoelásticos son una buena opción para usuarios con riesgo bajo o moderado, ya que distribuyen la presión de manera uniforme y permiten pequeños ajustes posturales. Los cojines de gel ofrecen una mayor adaptación anatómica y confort térmico, mientras que los cojines de aire estático resultan especialmente eficaces en perfiles de riesgo alto, ya que permiten una descarga completa de presión y favorecen el flujo sanguíneo en la zona de apoyo.

Los talones son otro de los puntos más vulnerables. Para su protección existen taloneras de viscoelástica —adecuadas para riesgo moderado—, taloneras de poliéster, más ligeras y transpirables, y taloneras de aire estático, que descargan completamente la zona y facilitan la recuperación tisular al mantener una presión constante inferior al umbral de colapso capilar.

En pacientes encamados, los colchones de prevención y tratamiento de úlceras por presión son esenciales. Los sistemas de aire alternante generan una variación cíclica de la presión en distintas zonas del cuerpo, evitando que una misma área permanezca comprimida durante largos periodos. Por otro lado, los sistemas de aire estático mantienen una presión constante inferior al umbral capilar, logrando una redistribución uniforme sin necesidad de motor ni ruido, lo que mejora el confort y el descanso del paciente.

Cuando el usuario no puede colaborar en los cambios posturales, los sistemas de lateralización automática permiten realizar giros suaves y programados, aliviando la presión en las zonas de mayor riesgo. Estos dispositivos reducen de forma significativa la sobrecarga física del cuidador y aseguran un manejo más seguro del paciente, especialmente durante la noche o en unidades con alta dependencia.

Todas estas soluciones comparten un mismo propósito: prevenir el daño tisular y mejorar la calidad de vida del usuario, manteniendo la integridad de la piel y la seguridad durante la asistencia. Sin embargo, su eficacia depende de una correcta valoración del riesgo, de la formación del personal y de la observación continua del paciente. La prevención debe entenderse como un proceso dinámico, adaptado a la evolución clínica y a las necesidades cambiantes de cada persona.

Como tuvimos ocasión de destacar en el webinar del pasado 30 de Octubre, la prevención efectiva de las úlceras por presión requiere criterio clínico, constancia y herramientas adecuadas. Las ayudas técnicas no sustituyen el juicio profesional, pero sí lo complementan, permitiendo ofrecer cuidados más seguros, sostenibles y centrados en la persona. En definitiva, invertir en prevención es invertir en salud, en autonomía y en bienestar para pacientes y cuidadores.

 

Marc Rovira Orts

Fisioterapeuta col. nº 16289

Especialista en ayudas técnicas y movilización

marc.rovira@karinter.com



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